Cuando en casa saltan los plomos al encender el horno, la vitrocerámica y el aire acondicionado a la vez, o cuando la factura parece demasiado alta incluso consumiendo poco, el problema puede estar en la potencia contratada. Aquí explico cómo leerla en la factura, calcular la que realmente necesita una vivienda, detectar si sobra o falta y cambiarla sin pagar de más ni comprometer la seguridad de la instalación.
La potencia adecuada evita cortes y mantiene bajo el coste fijo
- Los kW indican cuántos aparatos pueden funcionar al mismo tiempo.
- Los kWh reflejan la energía que consumes y no deben confundirse con la potencia.
- En una vivienda pequeña pueden bastar 2,3 o 3,45 kW, mientras que una casa totalmente eléctrica suele necesitar más.
- El contador inteligente permite consultar la potencia máxima demandada y tomar una decisión basada en datos.
- La mayoría de los cambios de potencia tienen costes y limitaciones administrativas.
Qué pagas realmente cuando eliges una potencia
La potencia es la capacidad máxima instantánea de la instalación. Se expresa en kilovatios, o kW, y determina cuánta electricidad puedes utilizar a la vez sin que actúe el limitador del contador.
La energía, en cambio, se mide en kilovatios hora, kWh. Es lo que consumes al mantener encendido un aparato durante un tiempo. Una vivienda puede gastar pocos kWh al mes y, aun así, necesitar varios kW si utiliza muchos equipos simultáneamente durante unos minutos.
En la factura aparece un coste fijo llamado término de potencia. Se calcula multiplicando los kW elegidos por el precio diario o anual de la oferta y por los días facturados. Por ejemplo, con un precio meramente orientativo de 0,12 euros por kW y día, cada kW adicional supondría unos 3,60 euros al mes antes de impuestos. El importe real depende de la tarifa, los peajes, los cargos regulados y los impuestos.
Los hogares españoles suelen estar en la tarifa de acceso 2.0TD, destinada a suministros de hasta 15 kW. Esta modalidad permite contratar una potencia distinta en los periodos punta y valle, aunque muchas familias mantienen el mismo valor en ambos porque simplifica la gestión.
Cómo saber si tu vivienda tiene un valor adecuado
El primer paso consiste en revisar la factura o el área de cliente de la comercializadora. Busca los apartados denominados potencia por periodo, término fijo o datos del contrato. También puedes consultar el histórico de la distribuidora, donde suele aparecer la potencia máxima registrada por el contador inteligente.
Yo no tomaría la decisión únicamente porque la luz haya saltado una vez. Primero comprobaría qué interruptor se ha desconectado. Si actúa el ICP del contador después de encender varios aparatos a la vez, puede faltar potencia. Si salta el diferencial o un magnetotérmico concreto, el origen podría ser una fuga, una sobrecarga en un circuito o una avería, y subir los kW no resolvería el problema.
Una señal bastante clara de exceso es pagar durante años por una capacidad que nunca se utiliza. Si el máximo registrado se mantiene muy por debajo del valor del contrato incluso en los meses de más frío o calor, hay margen para estudiar una reducción. La CNMC recomienda ajustar este término al equipamiento real y a los hábitos de cada hogar.
| Situación habitual | Orientación inicial | Qué conviene revisar |
|---|---|---|
| Vivienda pequeña con gas y pocos aparatos eléctricos | 2,3 a 3,45 kW | Uso simultáneo de horno, lavadora y climatización |
| Piso medio con vitrocerámica y aire acondicionado | 4,6 a 5,75 kW | Si la cocina y el aire funcionan al mismo tiempo |
| Casa totalmente eléctrica | 5,75 a 9,2 kW o más | Calefacción, agua caliente, cocina y potencia del CIE |
| Vivienda con vehículo eléctrico | Depende del cargador y de la gestión de carga | Si carga a 3,7 kW, 7,4 kW o mediante balance dinámico |
Estas cifras son solo referencias. Una vivienda de 80 metros cuadrados puede necesitar más que una de 140 si utiliza calefacción eléctrica, termo, secadora y coche eléctrico. El tamaño de la casa orienta, pero no decide.

Cómo calcular la potencia que necesitas en casa
Para hacer una primera estimación, anota los aparatos que podrían funcionar a la vez y consulta su potencia en la etiqueta o en el manual. Algunos valores frecuentes son los siguientes:
- Hervidor eléctrico: 1,8 a 2,4 kW.
- Horno: aproximadamente 2 a 3,5 kW.
- Placa de inducción: entre 3,5 y 7,4 kW, según el número de zonas y el modo utilizado.
- Lavadora: alrededor de 1,5 a 2,2 kW durante el calentamiento.
- Secadora: entre 2 y 3 kW en muchos modelos convencionales.
- Aire acondicionado: normalmente 0,7 a 2,5 kW de potencia eléctrica, aunque depende del equipo.
- Cargador doméstico para coche: habitualmente 3,7 o 7,4 kW.
No recomiendo sumar todas las potencias nominales sin más. La nevera no está consumiendo su máximo de forma continua, la lavadora solo demanda mucho durante ciertas fases y la placa puede limitar automáticamente la intensidad. Lo importante es identificar el pico de uso simultáneo que realmente se repite.
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Un ejemplo sencillo de cálculo
Imagina un piso con una placa que demanda 3,5 kW, un horno de 2,2 kW y un aire acondicionado de 1 kW. La suma teórica alcanza 6,7 kW, pero eso no significa necesariamente que debas contratar esa cifra. Si la placa limita su potencia, el horno no calienta de forma continua y el aire funciona por ciclos, una capacidad de 5,75 kW podría ser suficiente.
En una casa con termo eléctrico, calefacción por aerotermia y cargador de vehículo, la estrategia cambia. Puede ser más económico instalar un sistema de gestión dinámica de cargas, que reduce temporalmente la potencia del cargador cuando funcionan otros equipos, que pagar muchos kW durante todo el año.
Qué ocurre si te quedas corto o te pasas
Cuando la demanda supera el límite disponible, el contador puede interrumpir el suministro durante unos minutos. Después suele ser necesario desconectar algún aparato y rearmar el sistema siguiendo las indicaciones del contador o del cuadro eléctrico. Los cortes repetidos resultan molestos, pero también pueden indicar que la instalación se está utilizando al límite.
Subir la potencia resuelve el síntoma cuando el problema es realmente la simultaneidad. No arregla un cableado antiguo, un magnetotérmico defectuoso ni una derivación eléctrica. Antes de modificar el contrato, yo pediría a un instalador que revise el cuadro si los cortes aparecen siempre en el mismo circuito o acompañados de olor a quemado, calentamiento o ruidos.
El exceso de potencia tiene otro efecto menos visible. Se paga aunque no se consuma, de modo que una diferencia aparentemente pequeña puede acumularse durante años. Un hogar que mantiene 2 kW de más con un coste aproximado de 0,12 euros por kW y día estaría pagando cerca de 87,60 euros anuales antes de impuestos, siempre como ejemplo de cálculo y no como precio universal.
La mejor solución suele estar entre ambos extremos. Contratar el mínimo absoluto puede obligar a reorganizar constantemente la vida doméstica, mientras que elegir una cifra muy elevada convierte la factura en un coste fijo innecesario.
Cómo cambiarla sin equivocarte
La solicitud se tramita con la comercializadora, aunque la modificación técnica la ejecuta o valida la distribuidora. Normalmente te pedirán el CUPS, los datos del titular y el nuevo valor para cada periodo horario.
- Consulta la potencia actual y el máximo registrado.
- Revisa qué aparatos funcionan de forma simultánea.
- Comprueba en el CIE, conocido como boletín eléctrico, cuál es la potencia máxima admisible.
- Solicita a la comercializadora una comparación del coste fijo antes y después.
- Confirma los gastos de actuación, acceso, extensión o verificación que correspondan.
Si quieres superar la potencia que admite el certificado, o si el CIE tiene más de 20 años, la distribuidora puede exigir un certificado actualizado. En ese caso habrá que revisar la instalación y quizá adaptar el cuadro, la derivación individual o algunos circuitos.
La normativa vigente permite que una modificación voluntaria sea rechazada si no han transcurrido 12 meses desde el último cambio, salvo determinadas excepciones o cambios en la estructura tarifaria. Por eso no conviene probar una cifra al azar y corregirla pocas semanas después.
Reducir suele ser más sencillo que aumentar, pero tampoco es necesariamente gratuito. La compañía debe informar de los costes aplicables antes de ejecutar la gestión. Yo pediría siempre el importe total por escrito, incluyendo impuestos y posibles servicios añadidos.
La mejor decisión suele estar en la simultaneidad
En una reforma, la potencia eléctrica debería revisarse junto con la cocina, la climatización, el agua caliente y los futuros equipos. Instalar inducción, aerotermia o un cargador de coche sin comprobar la capacidad del suministro puede obligar a rehacer parte de la instalación más adelante.
También merece la pena dejar margen para nuevas necesidades, pero con criterio. Una vivienda que hoy usa gas puede pasar mañana a un termo eléctrico, y ese cambio altera por completo los picos de demanda. En cambio, pagar una reserva excesiva durante años esperando una posible reforma no suele ser una buena decisión.
Mi recomendación final es sencilla: consulta los datos reales del contador, calcula los aparatos que coinciden en el peor momento y verifica los límites del boletín eléctrico. Así conseguirás una instalación doméstica más cómoda y segura, con un coste fijo ajustado a la forma en que realmente utilizas tu casa.